martes, 4 de septiembre de 2012

Día de playa

Después de una dura jornada de bici, por fin un día de sol y playa que nos recordó que todavía estábamos en verano.
Callantsog es un pequeño y acogedor pueblito costero, con una más que aceptable playa y mucha, mucha tranquilidad. El pueblo no es mas grande que un barrio residencial, plagado de casas unifamiliares de diversa índole, todas bastante pintorescas, con cuidados jardines adyacentes y una plaza plagada de cafés y restaurantes que nos insinúa que se trata de un lugar bastante turístico, donde los guiris ahora somos nosotros. La playa son palabras mayores con una anchura de unos 100 metros, flanqueada por dunas y sin un solo edificio construido en las proximidades. (la especulación urbanística no parece hacer llegado a estas latitudes).
Ante el espléndido día, nos enfundados el equipo de playa (balón incluido) y dado que el agua del mar del norte estaba frío como la muerte, nos dimos un baño por cumplir, y preparamos una suerte de paraolimpiadas con lanzamientos de balón, salto de longitud y triple salto para deleite  del resto de compañeros de playa. Durante la realización del triple salto a punto estuvo Carlos de ser devorado por unos perros que consideraron algo amenazante el sprint previo al salto. Picnic y partimos rumbo a Schagen para coger el tren con el salitre bien pegado en la piel.
El camino en bici se antojo fácil en comparación con el día previo, llegamos a la estación con tiempo de sobra para ver una carrera de cuadrigas port las mismas calles de la ciudad, incorporar un nuevo compañero de viaje (ver fotos) y comprobar que las máquinas expendedoras de billetes no aceptaban nuestras tarjetas de crédito, lo que nos obligó a colarnos en el tren para ahorro de nuestros bolsillos e intranquilidad del viaje. (Posteriormente esto se repetirá dado que esta comprobado que aquí jamás pasa el revisor).
Ya entrada la noche llegamos a Den Haag (La Haya) aún sin un lugar donde dormir. Una ciudad industrial y financiera, que a primera vista, parece bastante fea y estéril, cómo casi todas las grandes urbes. Encontramos con algo de suerte y tras dar varias vueltas con las bicis, un hostel bastante acogedor. Cena con comida local (kebabs) y hasta mañana.





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