Después de un Pequeño parón ocasionado por la locura del hostel de amsterdam, nos hemos propuesto
retomar donde lo habíamos dejado.
La llegada a utrech fue más dura de lo esperado. Unos 6 Km de bici para llegar a las afueras de la ciudad donde se ubicaba nuestro hostel.
Cual sería nuestra sorpresa cuando al llegar vimos ,que en la finca de al lado había una rave con la música a tope, que al parecer estaba organizada por los muchachos de la universidad de utrech que acababan de comenzar sus clases. Pensamos en pasarnos pero estábamos demasiado cansados y para cuando hicimos ganas la fiesta había terminado.
El hostel para nuestra sorpresa era un antigua mansion del siglo dieciocho tan bonito por dentro como por fuera y ubicado en un marco envidiable. Una inmensa campiña verde con otros pequeños palacios alrededor, un canal a uno de los costados y múltiplea animales de granja, con burros, conejos y patos que campaban a sus anchas por las inmediaciones. Es sin duda el sitio mas bonito donde hemos dormido.
Siguiendo nuestras sanas costumbres españolas quisimos cenar a las 9 de la noche, encontrando la cocina del hostel cerrada y ninguna alternativa en los alrededores. No podía venir en peor momento, teníamos un hambre canino y el insulinoma de guille daba muestras de despertar.
A si que hicimos lo que solemos hacer en estos casos, comenzar a caminar en cualquier dirección con la esperanza de Dios proveerá. Y encontramos la solución en forma de estudiante de carretera de pe lo menos 4 tenedores donde degustamos uno de los mejores pollos que hemos comido jamás.
A la cama pronto que mañana mis esperan los corzos.
La mañana del corzo's day amaneció fria y nublada, sin embargo nada podia parar nuestro empeño por divisar a estas adorables bestias en su habitat natural en el parque nacional de Hoge Veluwe. A la llegada al parque cogimos las bicicletas gratuitas que prestaban y descubrimos que las bicis con las que estabamos haciendo el viaje eran una autentica castaña y seguramente estuvieran destinadas a pasear por amsterdam. Los corzos no se dignaron a aparecer pese a la intensa busqueda realizada por Carlos, siguiendo rastros frescos y agazapandose behind the musgo. Unicamente Guille, al que no le hacia demasiada ilusiòn lo de ver animales cornudos, casi muere atropellado por una manada de muflores en plena huida. Aunque no era lo previsto acabamos con otros 45 km a nuestras espaldas, lo que no frenò nuestras ganas de salir a tomar unas cervezas por la bonita ciudad de Utrech. Tras un intento fallido de entrar a una fiesta privada en el canal, nos fuimos a la cama cansados pero contentos por lo bonito de los parajes y la simpatia de los jovenes locales y con una cuenta pendiente: divisar un corzo. Quizas otro dia...
A la mañana siguiente visitamos Utrech, buen mejor dicho la inmensa catedral
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