jueves, 6 de septiembre de 2012

Pequeña tercera etapa

La ciudad amanece mucho más acogedora de lo esperado, tras la enorme decepción de ayer. La Haya se muestra con más vida y mucho más multicultural que la impresión que nos dio, a priori, Ámsterdam. El hostel se encuentra en un punto estratégico de lujo: en el límite entre barrio empresarial y el barrio rojo. Pero una terraza trasera que colinda con un canal nos ofrece un remanso de paz inalterable por el ruido del tráfico.
Tras desayunar y equiparnos, visitamos el centro, un pequeño círculo de casas viejas con parques y plazas. Un oasis en medio de esa ciudad vertical. Vamos a la casita de Escher, una pequeñisima mansión de tres plantas que sirve de museo de gran parte de su obra. Antes de volvernos locos, almorzamos y partimos camino a Leiden, al norte. Una breve etapa de 20 kilómetros.
Al llegar una pequeña Ámsterdam ante nosotros, aunque algo asi como una suerte de Venecia y Marbella: canales y puentecitos dominan el centro mientras los mas adinerados saciaban sus buches con hamburguesas en los yates del puerto o en las terrazas-barco de restaurantes lujosos. Nos tomamos algo en un bar apartado y nos sorprenden unos personajes vestidos de época. La luz del atardecer colorea las calles de un cálido naranja y la ciidad se vuelve mucho más acogedora.
Regresamos a Den Haag en tren, esta vez legalmente pagado el billete, y Guille nos funde al parchis y al chinchón. Nuestro amigo Gancho nos recibe con los brazos en alto.




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